¿Es el planeamiento estratégico la piedra filosofal que asegurará el éxito de su empresa? ¿Dedicarle tiempo a este proceso es una pérdida de tiempo? O ¿este servirá en una época llena de cambios en el que se exigen respuestas ágiles?
Aunque algunos profesionales aun sean escépticos sobre la importancia de este, puedo afirmar por mi experiencia en el rubro del diseño de estrategias, de planes estratégicos y procesos de cambio que la existencia o no de un plan estratégico en una empresa puede significar la diferencia entre tener buenos rendimientos económicos o rendimientos mediocres, así como también una peor o mejor convivencia profesional, ya que la eficiencia se da en la medida que el equipo completo de una empresa trabaje organizadamente hacia un mismo grupo de objetivos.
Por el contrario, la ausencia de una planificación conllevará a que solo pocos miembros conozcan los objetivos y la prioridad de los mismos, y por tanto será muy difícil (excepto tengan suerte o las condiciones del país sean favorables) que logren resultados superiores y sostenibles.
Si bien, en dichos procesos no hallaremos la piedra filosofal, aprenderemos algo muy cercano a ello: distinguir mejor las distintas variables a las que nos enfrentamos día a día y en forma participativa hallaremos la mejor alternativa para abordarlas. Además, al cambiar más rápido el entorno, existirá:
*Mayor necesidad para que el equipo directivo y operativo de las compañías conozcan mejor la estrategia, los objetivos y la forma en que se han planteado alcanzarlos, ya que así podrán hacer los cambios necesarios – en forma coherente – para adaptarse a las nuevas situaciones que no son recogidos en su totalidad en los procesos de planificación.
*En la medida que las empresas sean más grandes en número de personas, posiciones, locaciones, negocios, entre otras variables, será más notoria la importancia de coordinar con un mejor alineamiento.
Por ello, recomiendo que las compañías dediquen un espacio de tiempo (normalmente 1 o 2 días) para salir de la rutina y lo inviertan a pensar en el corto, mediano y largo plazo. Es decir, analizar los cambios en el entorno, entender cómo viene evolucionando la oferta en los distintos negocios en los que participa, las tendencias de la demanda, las leyes y sobre todo las capacidades que la empresa debe desarrollar para alcanzar la excelencia. Estos espacios de reflexión pueden ser muy reveladores para el propio equipo directivo, donde al profundizar en el entendimiento de distintas variables del sector o de la propia organización pueden evidenciar los esfuerzos que deben priorizarse para mejorar el desempeño. Por tanto, nunca es contraproducente volver a estudiar su propio sector, sus capacidades, determinar sus objetivos y sobre todo, dedicar un tiempo para trasmitirlo a los miembros de la organización, de lo contrario, el esfuerzo en la ejecución de los procesos del día a día y en las respuestas ante estímulos concretos del entorno no tendrán coherencia y por lo mismo, los resultados no serán los deseados.